LA FELICIDAD DE LAS PEQUEÑAS COSAS, AQUÍ Y AHORA
No sé en qué momento y ni siquiera sé si le ocurre a todo el mundo, empiezas a darle más importancia a las pequeñas cosas y a ser más feliz con ellas.
En mi juventud buscaba grandes planes que me motivaran, y a ser posible, que fueran más grandes y mejores que los anteriores. Era una búsqueda incesante por hacer algo más divertido, algo más interesante, algo menos visto. No es que no disfrutara de los pequeños momentos, pero me encontraba en más de una ocasión buscando un nuevo viaje, o un nuevo restaurante, mientras hacía alguna actividad bonita, en lugar de disfrutar del aquí y el ahora, y como a mí, a muchos de mis amigos de entonces.
He ido aprendiendo lo hermoso de una bonita conversación, de un paseo en una noche estrellada, de una gran compañía, e incluso el placer de no hacer nada. Llevo años disfrutando de mirar al cielo; me sigue alucinando que lo tengamos ahí, imponente y sin embargo me quedo estupefacto al darme cuenta de que poco lo mira la gente, que poco sale esto en una conversación. Cuando lo miro, y veo grandes nubes, o la bóveda que hace cuando diviso lontananza, no dejo de pensar lo pequeños que somos, y lo afortunados que debemos de sentirnos de que entre billones de posibilidades, nos encontremos disfrutando cada uno de nosotros de la magnificencia de este basto universo. Os recomiendo cuando os embriague la tristeza que busquéis "vuestro cielo", vuestro refugio que os saque del mundo del pensamiento negativo y os transporte a la senda de lo esencial, de lo que a uno le hace feliz.
No es estar feliz siempre, pues ocurren cosas en nuestra vida y no debemos anular o disfrazar nuestros sentimientos del momento, es una forma de vida, es entender que en la vida, a pesar de que nos suceden cosas, hay una concatenación de elementos diversos que me hacen entenderme como alguien muy afortunado.
Así que, cómo dirían en una de mis películas favoritas, "el club de los poetas muertos": CARPE DIEM.

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