LA FORTUNA DE TENER UN PUEBLO PARA PERDERTE
Tu pueblo, ese pequeño rincón de España, maravilloso, en el que muchos de nosotros tenemos la posibilidad de perdernos, cuando llegan unos días de merecido descanso. Los que como yo, además, vivimos en grandes urbes como Madrid, nos resulta bastante liberador, pues nuestro cerebro hace un "click" y reseteamos para aguantar unas semanas más en este loco frenesí de la metrópoli.
Admito que mi pueblo es de adopción, ya que donde yo veraneé desde pequeño es un estupendo pueblo de mar en Murcia del que daré detalles en otra ocasión. Sartajada es un coqueto municipio de la provincia de Toledo donde tiene raigambre desde sus bisabuelos, alguien de mi entorno cercano, pero me siento como uno más cuando piso sus calles , cuando diviso en el horizonte cercano la majestuosa Sierra de Gredos, cuando hablo con alguno de los poco más de 100 habitantes que están empadronados allí. En los pueblos limítrofe les conocen como el pueblo de los alfareros o de los cacharros pues hay una tradición centenaria de este oficio; a día de hoy sólo sobrevive una alfarería regentada por Alberto, que es a su vez el alcalde del pueblo.
La vida allí se detiene; tienes tiempo para caminar y hacer alguna de las hermosas rutas que se pueden hacer desde el mismo pueblo. Puedes hacer turismo por alguna de las tierras vecinas que hay a su alrededor como Pedro Bernardo, Iglesuela, Buenaventura y demás municipios que riegan la comarca del Tiétar. Me encanta ir a la cafetería del pueblo, lugar donde se hace vida social para ponernos al día los que vamos allí a pasar unos días con los que conviven en el pueblo durante gran parte del año. Adoro que me cuenten que eventos se van a hacer en el pueblo para revitalizarlo, desde concurso de catas de comida hasta manualidades o talleres de convivencia. Es genial cuando viene la banda del pueblo y podemos disfrutar de un gran ambiente en la plaza...
Mi hijo es feliz cuando le llevo allí. Me recuerda a mi infancia cuando salíamos con los amigos a la calle, a jugar al fútbol, al rescate, a hacer una casa con ramas, a fantasear, a vivir... Es un ambiente sano del que me encantaría que pudiera disfrutar en la ciudad.El tiempo pasa deprisa porque lo disfrutas pero con la sensación de ir a una marcha mucho más pausada, mucho más serena, mucho mejor para la salud mental.
Puede que me esté leyendo alguien con mentalidad más urbanita que pudiera pensar que se aburriría rápidamente en un sitio así, como si fuera algo malo, pero que maravilloso es tener tiempo para poder "aburrirse" y dedicarse a uno mismo, a su paz mental, tan necesario en los tiempo de hoy.
y vosotros, queridos lectores, ¿Cuál es vuestro rincón del mundo donde os gusta perderos?
¡Vivan los pueblos de España! Y que duren por muchas generaciones...

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